Mercurio y su trascendencia espiritual

Mercurio espirit

Antiguamente, se creía que Mercurio era el intermediario entre los dioses y los hombres. Por lo que su importancia espiritual era muy importante. Se encargaba de llevar los mensajes divinos a los hombres revelándoles así su propia naturaleza divina. Esto es hablando en general de la mitología. Más adelante, la teología en general fue puliéndose y lo que otrora era politeísta se volvió monoteísta. Un único Dios vino a traernos la Verdad. Ahora bien, dejemos por un momento a un lado la presencia de Mercurio, y enfoquémonos en la divinidad.

Para el ser humano la naturaleza es doble. Somos por un lado un cuerpo material compuesto por sustancias completamente físicas, que se pueden, hasta cierto punto, reproducirse gracias al dominio que tenemos en estos tiempos sobre la técnica. Por otro lado, somos seres espirituales (anímicos, pensando en que “ánima” es la palabra en latín para “alma”), y por lo tanto participamos de un mundo que trasciende al de la experiencia (al físico y que puede ser captado por los sentidos). Es esta peculiaridad la que nos permite trascender las meras apetencias corporales. Mismas a las que están condenadas las plantas y los animales. Gracias a que estamos dotados de un alma, nuestra libertad es mayor a la de otros eres vivos; que se quedan en niveles de existencia mucho más simples.

No pretendo hacer menos a nuestros amigos animalitos con esta afirmación, simplemente generar en ti, querido lector, la consciencia de que pertenecemos a un orden mayor del que participamos y al que podemos acceder si así lo deseamos. Ahora bien, el problema fundamental es justo éste: lo más natural para el hombre o lo primero para él, es este mundo físico, del que no podríamos escapar si no contáramos con esta otra parte anímica. Nuestros antepasados, los primeros hombres, tenían esta limitante.

El mundo sensorial los aprisionaba y no les permitía del todo desarrollarse plenamente como humanos. Con esto me refiero no a que fueran tontos o menos evolucionados, no, porque está muy claro que intuían este mundo espiritual en el que el alma del hombre es libre y completa. Simplemente, era difícil para ellos establecer un sistema o un modo de acercarse a su estudio y exploración, que pudiera ser llevado a más de un pequeño grupo de personas.

Antes, este conocimiento (el que pertenecía al mundo anímico) era cosa de unos pocos. Y aunque algunos de los seres humanos comunes y corrientes lo sospechaban, no tenían del todo consciencia de ello. El conocimiento de las cosas que iban más allá de lo físico, estaba restringido a unos pocos hombres,  llamados magos. Los magos en un inicio eran personas avocadas al seguimiento de los ritos religiosos y funerarios dentro de su tribu.

Trascendiendo el mundo material

Debemos recordar que las prácticas espirituales así como las prácticas religiosas no estaban tan separadas como en la actualidad. Los conocimientos sobre los dioses, eran casi los mismo que el conocimiento sobre el alma o el espíritu de uno mismo. Había solamente dos medios para conocer lo divino. El primero era que fueras un mago (es decir un sabio iniciado en las costumbres y misterios de la divinidad). El segundo que fuera la divinidad misma la que se te revelara y te hiciera participar de sus misterios y conocimientos. Vamos a pensar un grupo primero de humanos, un tanto aislados del resto del mundo viviendo en la selva incluso, o junto a un río. Ya suficientemente civilizados como para ser sedentarios pero no tanto como para tener un sistema escrito de comunicación.

El conocimiento de lo divino dentro de estas condiciones era algo francamente difícil. ¿Cómo saber qué es lo que quieren los dioses? ¿Cómo hacer saber a mis compatriotas que deben hacer eso que les agrada a los dioses y evitar así su ira y su castigo? Se tenía que delegar la tarea a cierto grupo de personas iniciadas. Llevarlas a través del hábito a hacer permanente este cultivo de lo divino, este culto de lo sagrado. Pero, esto es sencillo una vez que alguno de los integrantes de esa villa, ya tiene conocimiento sobre dios. Pero, ¿de dónde habrá salido este primer conocimiento? Y la respuesta más fuerte es sencillamente que proviene de la revelación divina.

El Mago y Mercurio, una y la misma cosa

Es Mercurio el que se encargaba de hacerle saber al hombre que tenía esta parte espiritual. O bien, dicho de otra manera, le daba la certeza de que pertenecía a este mundo trascendental. ¿Por qué les vengo a contar en esta ocasión esto, amigos de Ubi Tarot? Sencillo, porque resulta que hay una correspondencia entre la carta de “El Mago” del Tarot, con Mercurio. Y la correspondencia es la que he señalado antes.

Es la carta del Mago la primera, y nos va a iniciar en la interpretación de la parte divina de nosotros mismos. El tarot nos da la bienvenida a la práctica de nuestra propia espiritualidad, con su propio iniciado, su propio Mago. Por supuesto, esto se logrará (aunque no es la única manera) a través de la interpretación del Tarot (puedes revisar otros textos cómo el Tarot nos permite explorar nuestra parte divina sin necesidad de interpretarlo, a través de sus símbolos y significados).

Éste nos va ayudar a revelar en nosotros mismos la divinidad que sospechamos en nuestra alma, pero que no sabemos del todo bien cómo es que influye en nuestras vidas cotidianas, y no tan cotidianas. La divinidad de la que está compuesta nuestra alma, tiene como finalidad última hacernos trascender de este reino material a modos de Ser mucho más elevados y por lo tanto más divinos y más plenos.

Comienza a explorar tu aspecto espiritual, consulta al Tarot hoy mismo.

Para más información sobre costos de nuestros lecturas envíanos un mensaje privado (inbox) o un correo a Contacto@ubitarot.com

Gracias por leer. Bendiciones.

— Coach Jorge Castillo

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